sábado, 17 de enero de 2009

Poema japonés

Foto de Arpana Vidroh

El otoño ha llegado
AL caserío solitario,
Sepultado bajo densas parras
De lúpulo, que nadie visita.

Yae mugura
Shiguereru yado no
Sabisbiki ni
Hito koso mine
Aki wa ki ni keri

El monje Eikei

17 de enero 2009


Foto de Arpana Vidroh
Como un traje se usa hasta que se hace jirones
la vida se consume de día en día, segundo tras segundo
Dilgo Khyentsé Rinpotche

viernes, 16 de enero de 2009

El picador de piedras


Foto de Arpana Vidroh

Cuenta la leyenda que un humilde picador de piedra vivía resignado en su pobreza, aunque siempre anhelaba con deseo convertirse en un hombre rico y poderoso. Un buen día expresó en voz alta su deseo y cuál fue su sorpresa cuando vio que éste se había hecho realidad: se había convertido en un rico mercader.

Esto le hizo muy feliz hasta el día que conoció a un hombre aún más rico y poderoso que él. Entonces pidió de nuevo ser así y su deseo le fue también concedido. Al poco tiempo se cercioró de que debido a su condición se había creado muchos enemigos y sintió miedo.

Cuando vio cómo un feroz samurai resolvía las divergencias con sus enemigos, pensó que el manejo magistral de un arte de combate le garantizaría la paz y la indestructibilidad. Así que quiso convertirse en un respetado samurai y así fue.

Sin embargo, aún siendo un temido guerrero, sus enemigos habían aumentado en número y peligrosidad. Un día se sorprendió mirando al sol desde la seguridad de la ventana de su casa y pensó: "él si que es superior, ya que nadie puede hacerle daño y siempre está por encima de todas las cosas. ¡ Quiero ser el sol !".

Cuando logró su propósito, tuvo la mala suerte de que una nube se interpuso en su camino entorpeciendo su visión y pensó que la nube era realmente poderosa y así era como realmente le gustaría ser.

Así, se convirtió en nube, pero al ver cómo el viento le arrastraba con su fuerza, la desilusión fue insoportable. Entonces decidió que quería ser viento. Cuando fue viento, observó que aunque soplaba con gran fuerza a una roca, ésta no se movía y pensó: ¡ ella sí que es realmente fuerte: quiero ser una roca ! Al convertirse en roca se sintió invencible porque creía que no existía nada más fuerte que él en todo el universo.

Pero cuál fue su sorpresa al ver que apareció un picador de piedra que tallaba la roca y empezaba a darle la forma que quería pese a su contraria voluntad. Esto le hizo reflexionar y le llevó a pensar que, en definitiva, su condición inicial no era tan mala y que deseaba de nuevo volver a ser el picador de piedra que era en un principio.

El Té


Foto de Arpana Vidroh

Un importante catedrático universitario se encontraba últimamente en extraños estados de ánimo: se sentía ansioso, infeliz y si bien creía ciegamente en la superioridad que su saber le proporcionaba, no estaba en paz consigo mismo ni con los demás. Su infelicidad era tan profunda cuan su vanidad. En un momento de humildad había sido capaz de escuchar a alguien que le sugería aprender a meditar como remedio a su angustia. Ya había oído decir que el zen era una buena medicina para el espíritu.

En su región vivía un excelente maestro y el profesor decidió visitarle para pedirle que le aceptara como estudiante.

Una vez llegado a la morada del maestro, el profesor se sentó en la humilde sala de espera y miró alrededor con una clara -aunque para él imperceptible- actitud de superioridad. La habitación estaba casi vacía y los pocos ornamentos sólo enviaban mensajes de armonía y paz. El lujo y toda ostentación estaban manifiestamente ausentes.

Cuando el maestro pudo recibirle y tras las presentaciones debidas, el primero le dijo: "permítame invitarle a una taza de té antes de empezar a conversar". El catedrático asintió disconforme. En unos minutos el té estaba listo. Sosegadamente, el maestro sacó las tazas y las colocó en la mesa con movimientos rápidos y ligeros al cabo de los que empezó a verter la bebida en la taza del huésped. La taza se llenó rápidamente, pero el maestro sin perder su amable y cortés actitud, siguió vertiendo el té. El líquido rebosó derramándose por la mesa y el profesor, que por entonces ya había sobrepasado el límite de su paciencia, estalló airadamente tronando así: " ¡ Necio ! ¿ Acaso no ves que la taza está llena y que no cabe nada más en ella ?". Sin perder su ademán, el maestro así contestó: "Por supuesto que lo veo, y de la misma manera veo que no puedo enseñarte el zen. Tu mente ya está también llena".

El destino, (cuento zen)


Foto de Arpana Vidroh

Durante una batalla, un general japonés decidió atacar aún cuando su ejército era muy inferior en número. Estaba confiado que ganaría, pero sus hombres estaban llenos de duda. Camino a la batalla, se detuvieron en una capilla. Después de rezar con sus hombres, el general sacó una moneda y dijo:

-”Ahora tiraré esta moneda. Si es cara, ganaremos. Se es cruz, perderemos. El destino se revelará“.

Tiró la moneda en el aire y todos miraron atentos como aterrizaba. Era cara. Los soldados estaban tan contentos y confiados que atacaron vigorosamente al enemigo y consiguieron la victoria.

Después de la batalla, un teniente le dijo el general:

-”Nadie puede cambiar el destino“.

-”Es verdad” contestó el general mientras mostraba la moneda al teniente. Tenía cara en ambos lados.

Como un río



Foto de Arpana Vidroh
Un maestro del zen estaba agonizando, y sus monjes se hallaban reunidos alrededor de su lecho, desde el más antiguo hasta el monje más novato. El monje más antiguo se inclinó para preguntar al moribundo maestro, si tenía alguna lección final para sus monjes. El viejo maestro abrió lentamente sus ojos y en una débil voz susurró, "Dígales, que La Verdad es como un río."

El monje mayor pasó este trozo de conocimiento al monje que estaba a su lado, y así, sucesivamente, fue circulando alrededor del cuarto.

Cuando las palabras alcanzaron al monje más joven, él preguntó, "¿Qué nos quiere decir con que ‘La Verdad es como un río’?".

La pregunta fue de vuelta, pasando por toda la habitación, al monje mayor, éste se inclinó sobre la cama y preguntó, "Maestro, ¿qué quiere decir usted con: 'La Verdad es como un río'?" El maestro abrió lentamente sus ojos y en una débil voz susurró, "OK, La Verdad no es como un río".

Poema japonés

Foto de Arpana Vidroh
Mientras, inmerso en el otoño,
Contemplo la luna que brilla
Sobre la infinidad de senderos del
Dolor, sé que no estoy solo.


Tsuki mireba
Chiji no mono koso
Kanashi kere
Waga mi bitotsu no
Aki ni wa aranedo
Õe No Chisato

16 de enero

Foto de Arpana Vidroh


Esta herramienta nuestro cuerpo,
sólo está a nuestra disposición por poco tiempo
esta vida.


Dilgo Khyentsé Rinpotché

jueves, 15 de enero de 2009

Foto de Arpana Vidroh


Pienso en los días de
Antes de conocerla,
Cuando no parecía tener
Yo el menor problema

Ai mite no
Noche no kokoro ni
Karabuera
Mukashi wa mono wo
Omowa zarikeri


Fujiwara No Atsutada

15 de enero



Como el viajero se detiene en cada parada,
el ser que hace el viaje de la existencia permanece un tiempo en una vida

Shantideva

miércoles, 14 de enero de 2009

Poema japones


foto de Arpana Vidroh
Con una ráfaga de viento
El blanco rocio en la
Hierba de otoño se esparce
Como un collar roto.




Shira tsuyu ni
kaze nofukishiku
Aki no no wa
Tsuranuki tomenu
Tama zo chirikeru

Bunya No Asayasu

lunes, 12 de enero de 2009

Poema japones


Foto de Arpana Vidroh

La cigarra canta en el
Sauce podrido. Antares,
La estrella de fuego
Se mueve en el Oeste


Kare yanagi
Semi shigure ahite
Nisbizora wa
Akabosbi bitotsu
HIkari sometaru


anónimo

11 de enero 2009


Foto de Arpana Vidroh

Toda la enseñanza budista podría resumirse en estas palabras
" Nunca es siempre así "


Citado por Jack Kornfield