domingo, 11 de enero de 2009

Foto de Arpana Vidroh


La pureza de la luz de
La luna cae del inmenso
Cielo es tal, que hiela
El agua tocada por sus rayos





Õ zora no
Tsukino bikari shi
Kiyokereba
Kage mishi mizu zo
Mazu kõri keru

Anónimo



Poesía japonesa

Foto de Arpana Vidroh


Aunque la puresza de la
Luz de la luna ha acallado
Al ruiseñor y al gruillo.
El cuco sigue cantando solo
Durante toda la noche blanca.



Uguisu mo
Korogui mo ne wo
Uchitate te
Sayakeki yoru wo
Naku bototogisu


Anónimo

Poesía Japonesa

Foto de Arpana Vidroh

No debería de haber esperado.
Habría sido mejor haber
Dormido y soñando que hacer
Contemplando pasar la noche y
Ponerse esta lenta luna


Yasura wa de
No na mashi mono wo
Sayo fukete
Katabuku made no
Tshuki wo mishi kana

Dama Akazome Emon

Poema Japonés

Foto de ArpanaVidroh

Ojalá pudiera estar tan cerca
De ti como de su cuerpo la
Empapada falda de una recogedora
De sla. No ceso de pensar en ti


Suma no ama no
Shio yaky ginu no
Narenaba ka
Hito bi mokimi wo
Wasurete emowamu.

Akaito



sábado, 10 de enero de 2009

Poema japonés

Foto de Arpana Vidroh


La niebla se eleva por
Sobre plácidos estanques
En Asuka. El recuerdo
No muere tan fácilmente


Asuka gawa
Kawa yodo sarazu
Tatsu kiri no
Omoi sugu beki
Koi ni aranku ni


Akahito

Foto de Rpana Vidroh
En el Fujiyama, bajo la
La luna de junio, la nieve
Se funde y vuelve a
Caer en una misma noche
Fuji no ne ni
Furi okeru yuki wa
Mina tzuki no
Mochi ni kenureba
Sono yo furi keri
Akahito

Poema japonés

Foto de Arpana Vidroh
Mañana iba a ir a los
Prados primaverales
A recoger verduras tiernas.
Nevó todo el día de ayer
Y hoy ha nevado todo el día



Asu yoriwa
Haruna tsumanuto
Shimeshi nubi
Kinõ mo kyõ mo
Yuki va
furi tsutsu


Akahito







viernes, 9 de enero de 2009

Poema japonés


Foto de Arpana Vodroh



Cuando salí a los
Prados primaverales
A recoger violetas,
Disfruté tanto, que
Que me quedé toda la noche



Haru no nu ni
Sumire tsumi ni to
Koshi ware zo
No wo natsukashimi
Hito yo nenikeru





AKASHITO

Poema Japonés


Pasé por la playa en
Tago y ví la nieve
Que caía, blanquísima
Arriba, en la cima de Fuji.
Taro no ura yu
Uchi idete mireba
Mashiro ni zo
Fuji no takane ni
Yukiwa furikeru

YAMABE NO AKAHITO

domingo, 4 de enero de 2009

Una enseñanza acelerada


Foto de Arpana Vidroh
Una enseñanza acelerada
Matajuro Yagyu, hijo de un célebre Maestro del sable, fue renegado por su padre quien creía que el trabajo de su hijo era demasiado mediocre para poder hacer de él un Maestro. Matajuro, que a pesar de todo había decidido convertirse en Maestro de sable, partió hacia el monte Futara para encontrar al célebre Maestro Banzo. Pero Banzo confirmó el juicio de su padre:
- No reúnes las condiciones.
- ¿Cuántos años me costará llegar a ser Maestro si trabajo duro? - insistió el joven.
- El resto de tu vida - respondió Banzo.
- No puedo esperar tanto tiempo. Estoy dispuesto a soportarlo todo para seguir su enseñanza. ¿Cuánto tiempo me llevará si trabajo como servidor suyo en cuerpo y alma?
- ¡Oh, tal vez diez años!
- Pero usted sabe que mi padre se está haciendo viejo, pronto tendré que cuidar de él. ¿Cuántos años hay que contar si trabajo más intensamente?
- ¡Oh, tal vez treinta años!
- ¡Usted se burla de mí. Antes eran diez, ahora treinta. Créame, haré todo lo que haya que hacer para dominar este arte en el menor tiempo posible!
- ¡Bien, en ese caso, se tendrá que quedar usted sesenta años conmigo! Un hombre que quiere obtener resultados tan deprisa no avanzará rápidamente - explicó Banzo.
- Muy bien - declaró Matajuro, comprendiendo por fin que le reprochaba su impaciencia - acepto ser su servidor.
El Maestro le pidió a Matajuro que no hablara más de esgrima, ni que tocara un sable, sino que lo sirviera, le preparara la comida, le arreglara su habitación, que se ocupara del jardín, y todo esto sin decir una palabra sobre el sable. Ni siquiera estaba autorizado a observar el entrenamiento de los demás alumnos.
Pasaron tres años. Matajuro trabajaba aún. A menudo pensaba en su triste suerte, él, que aún no había tenido la posibilidad de estudiar el arte al que había decidido consagrar su vida.
Sin embargo, un día, cuando hacía las faenas de la casa, rumiando sus tristes pensamientos, Banzo se deslizó detrás de él en silencio y le dio un terrible bastonazo con el sable de madera (boken). Al día siguiente, cuando Matajuro preparaba el arroz, el Maestro le atacó de nuevo de una manera completamente inesperada. A partir de ese día, Matajuro tuvo que defenderse, día y noche, contra los ataques por sorpresa de Banzo.
Debía estar en guardia a cada instante, siempre plenamente despierto, para no probar el sable del Maestro. Aprendió tan rápidamente que su concentración, su rapidez y una especie de sexto sentido, le permitieron muy pronto evitar los ataques de Banzo, el Maestro le anunció que ya no tenía nada más que enseñarle
.

Memorias de África

http://es.youtube.com/watch?v=IUw-v-xIcaI

Se Busca


Foto de Arpana Vidroh
La mañana de un verano recién empezado se esperaba calurosa. Los primeros rayos de sol se intentaban forjar un camino entre los pliegues de la cortina, dando los buenos días a la vida. Cubierto por unas sábanas blancas con el filo de encaje y un patito azul bordado en el revés, con una manta de lana de color celeste confeccionada por la tía con tanto amor y esmero para tal evento, él dormía placidamente ajeno a todo lo que lo rodeaba. El día anterior había sido muy ajetreado. Después de 9 meses flotando en el agua con una temperatura de lo más agradable, de repente había sido sacudido, golpeado, tirado, revirado, manipulado y por poco, asfixiado. Aire, luz, frío…. y cosas y gente y ruido… ¡A gusto había estado en el agua, en la oscuridad, en el calor… y solito…! Ahora se tendría que enfrentar a todos estos factores externos para poder soportarlos, asumirlos y ser más fuerte que ellos. La tarea iba a ser muy ardua para un ser tan pequeño y al parecer tan indefenso; pero durmiendo él ya se estaba preparando.Se había sentado en una piedra al borde del camino que le llevaba de retorno a su casa. El dedo gordo de su pie derecho había traspasado las mallas del calcetín tan usado que había ido resbalando en el interior del zapato y le molestaba para seguir caminando. Al caerse jugando al football durante el recreo, el tirante del pantalón corto que había heredado de su primo mayor se había roto y colgaba arrastrándose en el polvo. Le alcanzaba el olor de unas castañas recién asadas en el puesto que se encontraba a la esquina de la calle siguiente. Tendría que pasar delante de la venta de Doña Maruca, lo que cada día significaba una tortura por la cantidad de golosinas de color expuestas a la misma entrada y que le eran prohibidas. ¿Para qué volver a casa? La maleta del colegio le pesaba tanto, llena de normas, condiciones y obligaciones. Al fin y al cabo, sólo caminar un poco más, bajando hasta la costa, podría llegar hasta el caletón y darse un bañito, y mirar las olas y darle patadas a la arena y perseguir las gaviotas y saltar de risco en risco. Pero tenía hambre y recordando el tazón de leche con gofio que le tendría preparado su madre para la merienda, decidió dejar la aventura para el día siguiente.Creyó ser artista. Hasta la fecha nunca se había dado cuenta de su afición a las formas redondas, a las curvas y al movimiento. Descubrir e indagar en lo prohibido le fascinaba. Compartirlo luego con los amigos en el instituto y competir con ellos y comparar las experiencias o las ganas de tenerlas provocaba que durante la noche, sólo en su universo, lo visto, lo escuchado se entremezclaban con los sueños, alterando la temperatura del cuerpo, acelerando los latidos del corazón, bombeando el flujo de la sangre, tensando los músculos hasta explotar como la ola que estalla en la roca. Las veía a diario, las contemplaba a escondidas, se cruzaba con ellas, las rozaba, las tropezaba a posta, logrando que su imaginación adivine lo que se dibujaba debajo de tanta falda. No sabía cual era más guapa. Sólo dependía de la altura donde dirigía la vista. Mejor era fijarse en el detalle que en el conjunto para poder luego, a solas, trasladar el dibujo a la pintura de su mente. Los días de playa, la obra parecía definirse mejor. El brillo del agua en las pieles tostadas, el pelo mojado y las curvas… las curvas que se confirmaban…Seguía con su empeño de ser más fuerte que lo que le rodeaba. Pensó entonces que la mejor manera de dominar la luz, era comprendiéndola manipulándola. Estudió electricidad. Imaginó que para entender el viento y el mar, lo mejor era atravesarlos. Se fue a África y a América. Creyó que la mejor forma de vencer las normas establecidas, era controlándolas y haciéndolas cumplir. Se vistió con tricornio. Se convenció que en vez de luchar contra ondas y curvas, era mejor luchar con ellas. Se enamoró. Decidió que para soportar a la gente, debía ayudarla y que para asumir las cosas, quería meditar; y para el ruido, el silencio; y para las emociones, la poesía. Pero no le bastaba.Sabemos que las personas que viven en los continentes, sueñan en islas, las que viven en islas, sueñan en islotes y las que viven en islotes sueñan en continentes. ¿Ahora donde está él? ¿En que lugar habrá escapado? ¿Qué rumbo habrá cogido? ¿Qué sueño habrá perseguido? ¿Qué océano estará atravesando?
Agradezco este relato a mi amiga Soisick
Foto de Arpana Vidroh


Un día, Chuang Tzu y un amigo estaban caminando por la rivera de un río. “Mire a los peces nadando”, dijo Chuang Tzu, “realmente están disfrutando de sí mismos”.

“Usted no es un pez”, contestó el amigo, "así que no puede saber verdaderamente que están disfrutando de sí mismos”.

“Usted no es yo”, dijo Chuang Tzu, “¿así que cómo sabe usted que no sé que los peces están disfrutando de sí mismos?”